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ACERVOS

  • Colección Expedición Cempoala - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Conocida como Colección Teoberto Maler, sabemos hoy que este conjunto de imágenes procede de la expedición a Cempoala que, entre agosto de 1890 y abril de 1891, dirigió Francisco del Paso y Troncoso –entonces director del Museo Nacional-, para obtener materiales que serían enviados a Madrid por motivo de las celebraciones del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América. El autor, galardonado con medalla de plata en esa ocasión, fue Rafael García, posiblemente adscrito a la Secretaría de Guerra, aunque debió ser fundamental la visión de Del Paso y Troncoso, conocido aficionado a la fotografía.

    La incorrecta adjudicación a Maler se originó en la extraordinaria calidad del registro realizado por García, también característico del fotógrafo alemán, de quien, por otro lado, se conservan imágenes en otros fondos.

    Cempoala o Zempoala, en Veracruz, es considerada la segunda ciudad prehispánica más importante del estado después de El Tajín, sitio que también fue visitado por los expedicionarios, en 1519, cuando Hernán Cortés y sus tropas llegaron al reino de Cempoala quedaron deslumbrados por la magnificencia de sus edificios, cuyos estucos, decorados con pintura a base de conchas marinas, les hicieron pensar que las pirámides estaban hechas de plata y que se trataba de la mítica ciudad de El Dorado. Cempoala jugó un papel determinante para la caída del imperio mexica, ya que allí indígenas totonacos, que estaban sometidos al yugo de Tenochtitlán, se integraron al ejército de Cortés. Las consecuencias de la Conquista y la epidemia de viruela marcaron su decadencia, y la ciudad fue abandonada en el mismo siglo XVI. El valor del sitio encajaba perfectamente con las vertientes que se privilegiaron en la Exposición de 1892: la muestra de las antigüedades prehispánicas y de la Conquista, vista esta última como fundamento de la moderna nación mexicana.

    Sin duda, la colección proviene del Museo Nacional, y resguarda 807 piezas: 124 negativos originales y 683 positivos, algunos de los cuales son impresiones de época; se trata de un rico espectro de los usos potenciales de las imágenes científicas que abarca de 1890 a 1911. Algunas de las impresiones fueron presentadas en Madrid y otras exhibidas en el Museo, mientras que los negativos se emplearon para ilustrar el ensayo de Jesús Galindo y Villa, “Arqueología mexicana”. Las ruinas de Cempoala y del tempo del Tajín, exploradas por el director del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología, en misión en Europa. D. Francisco del Paso y Troncoso”, publicado en los Anales del Museo Nacional, en 1911.

    Es posible establecer una tipología del conjunto de tomas ejecutadas por Rafael García: panorámicas del paisaje, en las que destacan los ríos y poblaciones que visitó la expedición, tomadas con el fin de contextualizar el recorrido; retratos de grupo de los exploradores en las diferentes etapas del trayecto, en ocasiones con sus anfitriones o con autoridades locales; vistas de conjuntos arqueológicos, complementadas con algunos de sus rasgos constructivos u ornamentales; tomas de excavaciones en las que posan trabajadores, expedicionarios y, a veces, algún visitante; detalles de piezas arqueológicas en las ruinas o en las poblaciones a las que fueron trasladas; y, por último, retratos de la población totonaca.

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  • Colección Guillermo Kahlo - Fototeca Nacional

    Fotografías 

    El 18 de junio de 1980 ingresaron a la Fototeca Nacional 4,290 piezas (1,390 negativos y 2,900 positivos) del fotógrafo Guillermo Kahlo provenientes de la Fototeca de Culhuacán. Una parte de ellas probablemente perteneció a la Dirección General del Patrimonio Nacional, y la otra fue entregada al Museo Nacional en 1909. 

    En 1891, Wilhelm Kahlo (1871-1941) llegó a nuestro país procedente de Alemania; al poco tiempo se nacionalizó mexicano y castellanizó su nombre. Luego de probar suerte como empleado, se dedicó a la fotografía, especializándose en el registro arquitectónico de edificios comerciales, industriales y públicos. En muchos de ellos destacaba el proceso mismo de construcción, ante la novedad de las estructuras de acero, como el nuevo Teatro Nacional y la Oficina de Correos. Una parte de su trabajo apareció en la sección “México Moderno” de El Mundo Ilustrado, y en otras publicaciones de la época. Especialista en “edificios, interiores de habitaciones, fábricas, maquinaria, etc.” –como se anunció el 24 febrero de 1901 en esa misma revista–, Kahlo, alrededor de 1904, fue comisionado por el entonces secretario de Hacienda, José Yves Limantour, para realizar un registro fotográfico de los bienes de propiedad federal, el cual serviría para publicar una serie de álbumes que debían coincidir con el Centenario de la Independencia. 

    Con estilo realista y monumental, y una técnica depurada, el fotógrafo registró exhaustivamente la capital y sus alrededores, y recorrió al menos decenas de ciudades y pueblos de los estados de México, Guanajuato, Hidalgo, Jalisco, Oaxaca, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí y Tlaxcala, entre otros, con al menos dos voluminosas cámaras a cuestas, decenas de frágiles placas de vidrio en formato 11 x 14 y 8 x 10 pulgadas, químicos y cuadernos para sus apuntes que le permitieron identificar puntualmente las imágenes. Aunque no se alejó de las rutas de fácil acceso a través del ferrocarril, la empresa no debió ser fácil. 

    La edición de los álbumes encomendados por Limantour comprendió 22 tomos forrados en cuero y adornados con el escudo nacional flanqueado por alegorías de las artes, sin índices ni explicación introductoria, y con un número variable de páginas. Las fotografías impresas al platino, en formato 11 x 14 pulgadas, y con soporte de lino para asegurar su conservación, se encontraban adheridas en ambas caras a un cartón impreso con un borde geométrico de inspiración art nouveau, que incluía la identificación del lugar. Las imágenes fueron agrupadas por ciudades o sitios, comenzando por la Ciudad de México. Cada iglesia fue sistemáticamente documentada, en su exterior y en su interior, prestándose especial atención a las portadas, naves, altares, cúpulas y, ocasionalmente, a los detalles decorativos y muebles. Por materiales fechados posteriormente, es posible especular que Kahlo continuó con este trabajo después del cambio de gobierno en 1911. 

    Iglesias de México, otro proyecto monumental auspiciado por la Secretaría de Hacienda, fue el vehículo de difusión de la obra del fotógrafo alemán. Realizada entre 1924 y 1927, esta edición de seis volúmenes contaba con textos y dibujos del Dr. Atl, con la colaboración del historiador y literato Manuel Toussaint, cercano al proyecto vasconcelista, y con la del ingeniero civil José R. Benítez, poco después director del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía y de Monumentos Nacionales. En 1928, el Departamento de Bellas Artes, dependiente de la Inspección General de Monumentos de la Secretaría de Educación Pública, editó nueve volúmenes con el título Monumentos históricos de México, con impresiones de los negativos de Kahlo; otros dos más aparecieron posteriormente con una mascarilla que lleva el nombre de la Secretaría de Educación Pública en la impresión. Lamentablemente la fama de la pintora Frida Kahlo (1907-1954) ha concentrado la atención del público, relegando a segundo plano la extraordinaria producción de su padre. La obra de Guillermo Kahlo preservada por la Fototeca Nacional abarca las primeras tres décadas del siglo XX y ha sido la fuente más importante para el estudio del patrimonio arquitectónico virreinal, especialmente el de corte religioso. En tiempos recientes se ha estudiado también desde la perspectiva estética, haciendo un justo reconocimiento a sus aportaciones a la fotografía del país.

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  • Colección Gustavo Díaz Ordaz - Fototeca Nacional

    Fotografías

    El 22 de mayo de 1980, Silvia García de Alba de Rojo Lugo, esposa del licenciado Jorge Rojo Lugo, gobernador del estado de Hidalgo (1975-1976 y 1978-1981), hizo entrega de este material a la Fototeca Nacional. Seguramente su origen es la oficina de prensa de la Presidencia de la República. 

    Poblano de origen, Gustavo Díaz Ordaz (1911-1979) era abogado de profesión. Fue presidente del Supremo Tribunal de Justicia, vicerrector de la Universidad de Puebla, diputado federal, senador, Secretario de Gobernación y presidente de la República de 1964 a 1970. Su gobierno fomentó el desarrollo económico de México. Impulsó un plan agrario integral, la industrialización rural y al sector petrolero, así como la infraestructura hidráulica y eléctrica. Durante su gestión se inició el levantamiento aéreo fotogramétrico del territorio nacional, se promulgó la nueva Ley del Trabajo, se otorgó el voto a los jóvenes de 18 años, se emprendió la construcción del Sistema de Transporte Colectivo Metro en la Ciudad de México, y se incrementó el presupuesto destinado a la educación pública. 

    Sin embargo, la dura represión contra el movimiento estudiantil de 1968, que culminó con la sangrienta matanza en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, el 2 de octubre de ese año –poco antes del inicio de los Juegos Olímpicos– ha marcado su gestión. Los materiales registran la cobertura fotoperiodística de las actividades presidenciales, incluyendo inauguraciones, giras nacionales e internacionales, visitas oficiales, reuniones con confederaciones y sindicatos, etcétera. Queda pendiente el estudio de las imágenes de este fondo, el cual está integrado por 7,067 piezas (6,878 negativos y 189 positivos).

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  • Colección Nacho López - Fototeca Nacional

    Fotografías

    En 1986 el Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE) compró el acervo de Nacho López, compuesto por 35,654 piezas (32,239 negativos y 3,415 impresiones) que van de 1940 a 1980 y, a petición expresa del autor, inmediatamente lo entregó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para su resguardo, investigación y difusión. Originario de Tampico, Ignacio López Bocanegra (1923-1986) desde muy joven mostró interés por la fotografía, que comenzó a practicar en Mérida. En 1944 se trasladó a la capital del país y fue ayudante de camarógrafo en la Unión de trabajadores de estudios Cinematográficos, iniciando en 1945 sus estudios en el Instituto de Artes y Ciencias Cinematográficas de México donde, entre otras figuras señeras, impartían clases el fotógrafo Manuel Álvarez Bravo y el director de cine alejandro Galindo. En 1948 residió por un breve periodo en Venezuela, sede de su primera muestra, donde fue maestro de técnica fotográfica en la Escuela de Periodismo de la Universidad Central de Caracas.

    A partir de los años cincuenta inició su conocida etapa como fotorreportero y desde entonces destacó por su cobertura de la vida popular de la Ciudad de México. Llevó a cabo un importante registro de danza contemporánea, actividad para la que siempre guardó especial atención debido al vínculo con su hermana, la bailarina Rocío Sagaón. Por esos años comenzó su colaboración con diversas revistas y periódicos como Mañana, Así, Hoy, Siempre!, Life y Artes de México. Desde 1956 incursionó en el cine –que fue una de sus pasiones– y filmó a lo largo de su vida varios documentales, noticieros y cortometrajes, obteniendo un premio por Los hombre cultos (1972). Fue asistente y laboratorista de Víctor De Palma, fotógrafo de Life, a quien consideró su primer maestro. Entre sus publicaciones figuran Viaje a la tarahumara (1960); un número doble de Artes de México, “La Ciudad de México III” (1964); Los pueblos de la bruma y el sol (1981); Los trabajadores del campo y la ciudad (1982); Los chontales de Tabasco (1982) y Yo, el ciudadano (1984). Realizó numerosas exposiciones, entre las que figuran Cincuenta imágenes de jazz (1962, con Pedro Cervantes), Caleidoscopio fotográfico (1965) y Espacios constantes (1984).

    Importante para su madurez plástica fue su participación en el grupo de Los Interioristas, que promovían un arte ligado al hombre en respuesta al abstraccionismo imperante entonces, y con el cual expuso en 1961. En los años setenta fue catedrático en la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana y en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la Universidad Nacional Autónoma de México, al mismo tiempo dictó numerosas conferencias sobre cine y fotografía. Fundador del Consejo Mexicano de Fotografía, escribió una serie de artículos en torno al Primer Coloquio Latinoamericano de fotografía, convocado en 1978. Trabajó para varias instituciones gubernamentales, como el Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas, en 1963; el Instituto Nacional de Capacitación Agraria, en 1974; la Dirección de Educación Indígena, en 1980, y el instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales, en 1982. Destaca su labor en el Instituto Nacional Indigenista (hoy Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas), para el cual realizó extensos registros fotográficos en diferentes zonas indígenas y varios cortometrajes. Allí colaboró en la formación del archivo audiovisual, junto con sus amigos Alfonso Muñoz y Óscar Menéndez.

    Nacho López hizo del fotoensayo una forma muy personal de expresión. Muchas de sus mejores series fueron “dirigidas”, mediante situaciones que él mismo provocaba en el ambiente popular de la capital: es el caso de los ensayos, Cuando una mujer guapa parte plaza por Madero y La Venus se va de juerga. De este modo, como ha señalado John Mraz, detrás de sus secuencias fotográficas hay todo un trabajo de concepción, planeación, dirección y ejecución, que da una nueva dimensión a la toma instantánea y al trabajo documental. También supo desplegar en los registros más ortodoxos de documentación y en el tratamiento de temas étnicos, arquitectónicos y sociales, un encuadre novedoso y perspicaz, que se sumaba a una sorprendente actitud lúdica. Una vez realizada la serie, López trabajaba en la selección, montaje, pies de foto y edición, así como en la formación misma de la página, ensamblando imágenes con textos propios o ajenos. Por la calidad plástica y técnica de sus imágenes y su compromiso social, por las reflexiones en torno a su propio quehacer, y por la lucidez con que abordó algunos de los temas medulares de la compleja sociedad mexicana de la segunda mitad el siglo XX, Nacho López es considerado uno de los principales teóricos del fotoperiodismo mexicano, y uno delos fotógrafos documentales más importantes.

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  • Colección Fotografía Estereoscópica - Fototeca Nacional

    Fotografías 

    Al igual que otras colecciones, ésta fue creado para reunir y facilitar la consulta y estudio de las fotografías estereoscópicas dispersas en varias colecciones de la Fototeca Nacional. Este formato fue popular desde mediados del siglo XIX y conoció un nuevo auge a principios del XX. Es posible encontrar diferentes técnicas en su elaboración; de hecho, se empezó a utilizar poco después de la aparición del daguerrotipo, y se llegó a imprimir mediante técnicas fotomecánicas. Su atractivo principal reside en la sorprendente profundidad que proporciona la imagen bidimensional, que parece hacer más real la escena. Esta sensación se genera a través de la superposición de dos imágenes iguales, ligeramente desfasadas. Para alcanzar públicos variados, los fotógrafos solían imprimir en formato estereoscópico y en impresiones únicas la misma imagen.

    Para disfrutar de estas fotografías, es necesario contar con un aparato, el estereoscopio, base de un pasatiempo que tuvo sus inicios en exhibiciones públicas por las que se cobraba la entrada. De un primigenio y sencillo visor se convirtió, en los primeros años del siglo pasado, en un elaborado y costoso artefacto que permitía visualizar mecánicamente gran número de fotos. Pronto ingresó a la intimidad de los hogares mexicanos, generando un repertorio visual con una iconografía amplia, cuyo objetivo era presentar un panorama exhaustivo del mundo. Era una especie de atlas que aunaba a las modernas imágenes de ciudades, escenas de la población local. De tal suerte, es posible hallar en este fondo, compuesto por 665 piezas (611 negativos y 54 positivos), vistas urbanas y rurales, monumentos y aspectos de la vida cotidiana que abarcan de la segunda mitad del siglo XIX a los primeros años del XX.

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  • Colección Luis Castillo Ledón - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Es una de las colecciones documentales más emblemáticas. Se incorporó en el 2008, con 541 impresiones fotográficas estereoscópicas y otras de formato 4 x 5 pulgadas. Imágenes captadas por el fotógrafo Gustavo F. Solís, a solicitud del periodista, historiador y político mexicano Luis Castillo Ledón (1879-1944). Ambos recorrieron cerca de doce mil kilómetros siguiendo el itinerario del cura Miguel Hidalgo y Costilla, durante el movimiento de Independencia por varias entidades del país. Dichas fotografías fueron parte de un proyecto encomendado por la entonces Secretaría de la Instrucción Pública y Bellas Artes, para conmemorar el Centenario de la Independencia.

    El académico nayarita Luis Castillo Ledón realizó el trabajo, entre 1909 y 1910, complementando con un texto que se publicó póstumo: “Hidalgo, la vida del héroe”. Recorriendo a lomo de caballo llegó a poblados y lugares alejados encontrando a veces ruinas de los lugares, pero registrando cada uno de los sitios, como el antiguo obispado de Morelia, la casa grande de Corralejo o la casa donde nació Hidalgo en Pénjamo. Resulta interesante una vista de la ciudad de Chihuahua desde el cerro del Coronel, lo que nos indica que tanto el historiador como el fotógrafo tomaron muy en serio su labor de registro. No podía dejar fuera una toma de la pila bautismal del cura Hidalgo in situ en Cuitzeo de los Naranjos, Guanajuato, hoy de Abasolo. Las piezas fotográficas, en su mayoría positivos en albúmina y otras en plata gelatina, todas montadas sobre soporte secundario; fueron donadas directamente por Beatriz Castillo Ledón de González –hija de Don Luis Castillo León– a la Fototeca Nacional.

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  • Colección Jorge R. Acosta - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Jorge Ruffier Acosta, hijo de un diplomático mexicano, nació en Pekín, aparentemente en 1908, y estudio antropología en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, donde fue compañero de John Eric, el eminente mayista. Por encargo del gobierno mexicano y de instituciones estadounidenses, entre 1928 y 1931, realizó exploraciones arqueológicas en las zonas mayas de Guatemala y Belice, abocándose a investigar la influencia de la cultura incaica en Mesoamérica.

    Acosta participó durante dieciséis años en las exploraciones de Monte Albán, encabezadas por el doctor Alfonso Caso, dirigiéndolas de 1944 a 1949. También en calidad de director exploró tula (1940-1957), Chichén Itzá y Teotihuacán, donde estuvo a cargo de la reconstrucción del famoso Palacio de la Quetzalpapálotl. Murió en 1975, cuando era jefe de la Sección de Mantenimiento y Conservación del Departamento de Monumentos Prehispánicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

    Como resultado de sus investigaciones, Acosta formó un importante registro fotográfico que él mismo integró en álbumes de acuerdo con las temporadas de trabajo. No es posible determinar cuáles imágenes son obra suya, ni el nombre de los autores que realizaron tomas de su labor arqueológica. La colección, bajo resguardo de la Fototeca Nacional desde 1979, tiene diferentes procedencias y aunque no abarca todos sus trabajos, cubre las temporadas de campo realizadas por Acosta en Monte Albán, Monte Negro, la Mixteca, Tula, Chichén Itzá, Palenque, Teotihuacán, Zaachila y El Tajín. Contiene 5,849 piezas (2,708 negativos y 3,141 positivos) que van de 1930 a 1960, y también incluye algunas películas, así como manuscritos.

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  • Colección Vives Price - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Esta pequeña colección de 533 piezas (196 negativos y 337 positivos) ingresó en la Fototeca Nacional en los años ochenta, sin quedar registro de su procedencia. Todas las fotografías son de las primeras décadas del siglo XX, y entre los temas que abordan, se encuentran escenas de las fiestas del Centenario de la Independencia, algunas relacionadas con el comercio de imágenes que se desarrolló en torno a dicho evento. Así, aparecen los desfiles y las residencias oficiales; también encontramos vistas de la Ciudad de México, paseos y sucesos destacables, las grutas de Cacahuamilpa –una de las excursiones tradicionales de la época–, el transporte ferroviario y la industria.

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  • Colección Juan Antonio Azurmendi - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Esta colección, compuesta por 372 piezas (265 negativos y 107 positivos) tomadas alrededor de 1890 y 1905. Ingresó a la Fototeca Nacional del Instituto Nacional de Antropología e Historia en abril de 1981, gracias a la generosidad de la familia Horcasitas Azurmendi. Esta peculiar colección fotográfica perteneció a Juan Antonio Azurmendi y, en términos generales, podemos considerarla como fotografía de familia. En ella aparecen los retratos de él, de su esposa Dolores de Teresa y de sus dos hijas; los bienes y propiedades familiares, como la fábrica textil La Colmena; además de vistas de los alrededores de la Villa Nicolás Romero, en Tlanepantla, Estado de México, donde se ubicaba la fábrica. Los viajes también fueron sujeto fotográfico, de manera que encontramos tomas tanto de sus paseos en la inmediaciones de la Ciudad de México como de sus vacaciones en Europa. Sumamente atractivas resultan las fotografías tomadas en los interiores y el jardín de la finca de su propiedad, en la calle Sadi Carnot de la colonia San Rafael, en la capital. Dentro de este conjunto sobresale una serie de singulares tomas el proceso constructivo del inmueble. Los empleados domésticos aparecen muchas veces, acompañando a la familia o incluidos en el registro de la mansión. En algunas imágenes asoman amigos y otros miembros de las parentelas Azurmendi y De Teresa, acaudaladas familias porfirianas.

    Como ha mostrado Patricia Massé, si bien las placas no llevan firma, es posible reconocer en esta colección un origen común, atribuible tanto a cuestiones estilísticas como técnicas. Es claro que en el conjunto hay más de un fotógrafo, aunque también es evidente un punto de vista similar, propio de una misma clase social. Azurmendi o los fotógrafos que efectuaron las placas, operaron por lo menos con dos equipos: uno con tripié y otro portátil. El primero corresponde a la tecnología fotográfica más usual durante la segunda mitad del siglo XIX; el segundo, en cambio, se volvió popular al despuntar el XX. Es posible que en la casa existiera un cuarto oscuro.

    Estilísticamente hablando, en las imágenes es apreciable una coherencia estructural sustentada en los principios de la perspectiva y en un orden que garantiza la visualización de un espacio inteligible. En dos de las piezas, con imágenes poco representativas de su temática característica, están inscritas las iniciales J. A. del propio Juan Antonio Azurmendi, y en piezas de otras colecciones se ha constatado su firma en algunas impresiones. Las imágenes remiten al perfil de un aficionado que tomaba fotografías por placer y que se mantuvo al margen de la práctica profesional como vía de sustento. Se trata, desde luego, de un aficionado conocedor, diestro en el manejo de equipos fotográficos y con interés por la experimentación, que en este caso va desde la manipulación a la que somete algunos negativos para alterar la imagen, hasta el juego con la figura del propio fotógrafo.

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ESPACIOS

  • Centro Comunitario Culhuacán, ex Convento de San Juan Evangelista

    Museos

  • Tulúm

    Zonas arqueológicas

  • Kohunlich

    Zonas arqueológicas

  • Museo Tuxteco

    Museos

  • Museo de Sitio de Palenque, Alberto Ruz L'Huillier

    Museos

  • Museo de Artes e Industrias Populares de Pátzcuaro

    Museos

  • Teotihuacán

    Zonas arqueológicas

  • Museo de Sitio de Ocotelulco

    Museos

  • Cobá

    Zonas arqueológicas

  • En 1558 fray Bernardino de Sahagún fue comisionado por el décimo provincial de los franciscanos, fray Francisco de Toral, para que escribiera sobre aquello que pudiera ser útil para mantener la “cristiandad de los naturales de la Nueva España”. Sahagún inició su investigación ...
  • En la basta colección de esculturas del Museo Nacional de Virreinato podemos admirar la representación de algunos santos, cuya fina talla en madera, aunada al uso de ojos de vidrio, lágrimas de cristal y dientes naturales, los dotan de un realismo inigualable. Esta escultura es la de San Juan Nepomuceno, en cuya ley...
  • La alfarería de Mesoamérica es de los objetos donde mejor se aprecian los elementos artísticos representativos de cada una de sus regiones culturales. Los platos, especialmente los decorados, son una de las fuentes que los arqueólogos e historiadores utilizan para observar las influencias entre las diferentes &aacut...

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