Durante la época novohispana la educación musical femenina fue vista como un sano entretenimiento para las mujeres casadas y como un medio para regocijar a sus amigos y familiares. Asimismo, las jóvenes con habilidades musicales podían profesar como monjas sin pagar dote.

Más tarde, en el siglo XIX la habilidad de las mujeres para tocar el piano y cantar afinadamente constituyó una referencia a la educación femenina burguesa relacionada con el prestigio social. Asimismo, junto al piano, la guitarra fue muy apreciada por las señoritas y formó parte de la música de salón.

No obstante, la sociedad del siglo XIX relegó a las mujeres al ámbito privado doméstico, por lo cual no tuvieron mucha visibilidad en el ámbito de la interpretación y, sobre todo de la composición musical. A pesar de esto, hubo mujeres que estuvieron presentes en el ámbito interpretativo público y compositivo, aunque de forma restringida respecto al hombre. Sin embargo, la presencia femenina en los salones burgueses en los teatros y en la ópera es ineludible.

En esta pintura perteneciente al Acervo Histórico de miniaturas del Museo Nacional de Historia podemos observar a una dama burguesa tocando la guitarra. Conócela en la Mediateca INAH.

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