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ACERVOS Y FONDOS

  • Colección Arnulfo Viveros - Fototeca Nacional

    Fotografías 

    Este pequeño acervo, de 71 piezas (64 negativos y 7 positivos) de la década de 1930, contiene material del fotógrafo de origen poblano Arnulfo Viveros, quien trabajó en el estado de Morelos, principalmente en Cuernavaca y alrededores. Algunas imágenes parecen estar destinadas a la impresión de postales que vendía o regalaba la Botica Morelos, de la capital del estado. Desafortunadamente, no se tiene noticia de su fecha de ingreso a la Fototeca Nacional ni de su procedencia.

    Pese a que la cámara que utilizó el fotógrafo evidencia problemas de entrada de luz, logró con ella atractivas tomas de la ciudad y vistas panorámicas, cuyo tratamiento está influido por el concepto paisajístico decimonónico. Los registros del ingenio de Zacatepec y sus trabajadores, así como los de la construcción o reparaciones de la carretera México-Acapulco, resultan particularmente interesantes.

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  • Colección Jorge R. Acosta - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Jorge Ruffier Acosta, hijo de un diplomático mexicano, nació en Pekín, aparentemente en 1908, y estudio antropología en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, donde fue compañero de John Eric, el eminente mayista. Por encargo del gobierno mexicano y de instituciones estadounidenses, entre 1928 y 1931, realizó exploraciones arqueológicas en las zonas mayas de Guatemala y Belice, abocándose a investigar la influencia de la cultura incaica en Mesoamérica.

    Acosta participó durante dieciséis años en las exploraciones de Monte Albán, encabezadas por el doctor Alfonso Caso, dirigiéndolas de 1944 a 1949. También en calidad de director exploró tula (1940-1957), Chichén Itzá y Teotihuacán, donde estuvo a cargo de la reconstrucción del famoso Palacio de la Quetzalpapálotl. Murió en 1975, cuando era jefe de la Sección de Mantenimiento y Conservación del Departamento de Monumentos Prehispánicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

    Como resultado de sus investigaciones, Acosta formó un importante registro fotográfico que él mismo integró en álbumes de acuerdo con las temporadas de trabajo. No es posible determinar cuáles imágenes son obra suya, ni el nombre de los autores que realizaron tomas de su labor arqueológica. La colección, bajo resguardo de la Fototeca Nacional desde 1979, tiene diferentes procedencias y aunque no abarca todos sus trabajos, cubre las temporadas de campo realizadas por Acosta en Monte Albán, Monte Negro, la Mixteca, Tula, Chichén Itzá, Palenque, Teotihuacán, Zaachila y El Tajín. Contiene 5,849 piezas (2,708 negativos y 3,141 positivos) que van de 1930 a 1960, y también incluye algunas películas, así como manuscritos.

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  • Colección Incremento Acervo - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Este apartado de 21,576 piezas, reúne pequeñas colecciones que, por donación o adquisición, han llegado a la Fototeca Nacional. Presenta un conjunto heterogéneo de géneros, técnicas, autores, temáticas y épocas que abarca desde fines del siglo XIX hasta alrededor del año 1950. Entre las donaciones hay materiales que formaban parte de acervos familiares, como los de Benita Cervantes, María Eugenia Serrano, Alfonso de María y Campos y Silvia Trejo. Una colección de postales y registros domésticos fueron donados por Benita Cervantes. Los retratos ofrecidos en 1997 por la historiadora del arte Silvia Trejo, enriquecen la visión de la vida familiar al comienzo del siglo XX. Curioso es el caso de la donación de María Eugenia Serrano, quien en enero de 2002 envió por correo una nota en la que se leía: “Les envío este material que considero invaluable por sus años de expedición. Y sé que ustedes sabrán darle el lugar que le corresponde, las fotografías fueron tomadas por el ingeniero Gonzalo Vivar”, aunque algunas llevan la firma de otros lugares. 

    También se conserva en este fondo obra de fotógrafos que han presentado exposición temporal en la Sala Nacho López, la galería de Fototeca Nacional como Armando Salas Portugal, Rodrigo Moya y Gerardo Suter entre otros, quienes en la década de los años noventa del siglo XX, exhibieron en la Sala Nacho López de la Fototeca Nacional. Además se ha recibido obra de autores extranjeros como Sebastião Salgado, Paolo Gasparini y Juan Manuel Castro Prieto. El grupo llamado “Por concurso y exposición” reúne, entre otras, imágenes provenientes del Club Fotográfico Mexicano –donadas por el investigador José Vergara Vergara durante su desempeño como director del Centro INAH Hidalgo– y de exposiciones promovidas por el Consejo Nacional de Recursos para la Atención de la Juventud (CREA) y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en la década de 1980. La Dirección de Medios del Instituto, por su parte, entregó en marzo de 2000 los retratos realizados por Gabriel Marentes Garza y Susana Padilla Coronado en la cabina de grabación del programa radiofónico “Archivo testimonial sonoro de personalidades”, que consistió en una serie de entrevistas realizadas desde fines del siglo XX a reconocidos especialistas. 

    Destacan las adquisiciones que, desde 1998 y hasta 2004, el INAH hizo a la historiadora Martine Chomel Harent, y que comprenden 517 piezas. Entre ella se encuentra una colección de vistas estereoscópicas editadas con gran calidad, por compañías norteamericanas como Keystone y Underwood and Underwood, la cual incluye temas clásicos: fachadas e interiores de importantes iglesias virreinales, monumentos, panorámicas de las principales ciudades del país, paisajes que frecuentemente hacen hincapié en magueyes y cactáceas como elementos típicos, y escenas costumbristas. También hay impresiones de fines del siglo XIX, publicaciones como The Ruins of Mexico, de Constantine George Rickards (Londres, 1910), los álbumes Recuerdo de la inauguración del F.C. de Cuernavaca, diciembre 11 de 1897, y Memoria del ferrocarril de Mérida a Peto, 1900; además de una importante serie de negativos, obra del fotorreportero Rafael García, sobre la erupción del volcán Paricutín, en Michoacán. En febrero de 2008, se recibió de la Coordinación Nacional de Difusión del INAH, un total de 27 impresiones fotográficas plata/gelatina, relativas a la expedición a Bonampak efectuada en 1949. En diciembre de 2013, se recibió la generosa donación de Savitri Sawhney, hija del Ingeniero agrónomo indio Pandurang Khankhoje, fundador de las Escuelas Libres de Agricultura en México, El material es un expediente compuesto por 60 hojas, con recortes de prensa y 34 impresiones plata sobre gelatina, que documentan la enseñanza en dichas escuelas a fines de los años veinte y treinta del siglo pasado, en los estados de México y Veracruz. Al menos treinta de ellas, son autoría de Tina Modotti, con quien el Ingeniero agrónomo tuvo estrecho contacto.

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  • Adquisición Martine Chomel - Fototeca Nacional

    Fotografías 

    Reúne pequeñas colecciones adquiridas por la Fototeca Nacional u obtenidas a través de donaciones de particulares e instituciones públicas y privadas. Entre ellas destacan la adquisición a Martine Chomel y las donaciones de obra por parte de fotógrafos contemporáneos.

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  • Colección C. B. Waite / W. Scott - Fototeca Nacional

    Fotografías

    La colección abarca de 1895 a cerca de 1914, se constituyó a partir de varias colecciones, especialmente la de Culhuacán, con la finalidad de reunir la obra de dos autores norteamericanos, quienes realizaron en México su trabajo más conocido. C.B. Waite registró la mayor parte de los materiales ante el Ministerio de Instrucción Pública, tal como lo estipuló en 1883 la Ley de Registro de Propiedad Artística y Literaria (en el Archivo General de la Nación se resguardan 3,440 fotografías precedentes del depósito); la colección, compuesta por 8,389 piezas (2,653 negativos y 5,736 positivos), llevó únicamente su nombre hasta 2005. En ese año se agregó el de W. Scott, ya que la observación de las imágenes y la investigación contemporánea han permitido establecer la autoría de éste en muchas de ellas. Todo parece indicar que existió algún tipo de acuerdo mediante el cual ambos utilizaron indistintamente sus fotografías. 

    Por otra parte, y al igual que en otros casos, la amplitud del trabajo de estos fotógrafos, su calidad y popularidad, hace que sus obras se encuentren en diversos fondos. Charles Burlingame Waite (1861-ca. 1929) nacido en Ohio, Estados Unidos, abrió en 1889 un estudio fotográfico en San Francisco, California, según la investigación llevada a cabo por Francisco Montellano. En 1896 se estableció en la Ciudad de México, donde supo aprovechar el auge de la publicaciones ilustradas y la moda de las postales para desarrollare un próspero negocio que lo mismo registraba sitios arqueológicos como Mitla o Palenque, que el trabajo de haciendas caucheras en Chiapas, escenas costumbristas o eventos políticos. Fue célebre el proceso judicial que se le siguió por retratos de púberes, considerados pornográficos, así como por imágenes que se regodeaban en la miseria en que vivía parte importante de la población. En realidad, es posible que algunas de aquellas imágenes hayan sido obra de Scott, quien había sido procesado en Oakland, California, por la venta de “fotografías lujuriosas”, acusación de la cual fue finalmente exonerado. Waite fue encarcelado, aunque pudo salir mediante el pago de una caución. Dejó México con la Revolución, posiblemente a raíz del asesinato de su hermano, en 1912, y de la violencia de la Decena Trágica, de la cual ejecutó una serie interesante sobre los desastres causados por los combates. Emigró con su familia a Los Ángeles, California, y sólo regresó para una visita breve en 1925. 

    Winfield Scott (1863-1942) nació en Michigan y, después de probar suerte en diferentes oficios en varias ciudades de los Estados Unidos, llegó a México en 1895 y se asentó en la estación La Trinidad, en Silao, Guanajuato, como ha podido determinar Beatriz Malagón. Trabajó para el Ferrocarril Central, y en 1897 publicitó “la colección más grande y completa de vistas del país y de su vida”. En 1900 compró un terreno a orillas del lago de Chapala, en Ocotlán, Jalisco, donde se estableció con una mujer de la región, dejando un gran número de vistas del lago y los alrededores. Ese mismo año inició la colaboración con Waite, a quien posiblemente conoció en California cuando ambos intentaban abrirse camino como fotógrafos. En 1910, tras un sangriento asalto al hotel donde trabajaba en Chapala. Desde allí anunciaba la venta de “verdaderos retratos de la vida y paisaje en este país de pintoresquismo inigualable”. Scott se mudó a California con su hija Margarita, sujeto de muchas fotografías. Regresó a México en 1912, y por algunos años viajó constantemente a California realizando trabajos fotográficos, aunque también se desempeñó en la hotelería. Abandonó definitivamente el país en 1924, y murió en Los Ángeles. 

    En conjunto, la obra de estos autores se caracteriza por el registro exhaustivo de gran parte del territorio nacional, seguramente siguiendo las rutas ferroviarias, o atendiendo el llamado de inversionistas y editores. Sus imágenes fueron pensadas para el público extranjero, como lo prueba el que muchas de ellas incluyan una inscripción en inglés, que con frecuencia apelaba al humor. Ofrecen una visión costumbrista del paisaje, los monumentos y los personajes de México, generando un imaginario que también fue adoptado en el país, gracias a su amplia circulación tanto en publicaciones como en forma de postales, bajo el sello, primero, de la Sonora News Company y, posteriormente, de La Rochester. No obstante, y pese a responder a ciertos estereotipos, las fotografías muestran empatía con los sujetos, sus oficios y costumbres, en especial en el retrato de mujeres y niños, aparentemente la especialidad de Scott. La destreza y profesionalismo de ambos se refleja también en el cuidado de sus impresiones, hechas seguramente en el estudio de Waite en la Ciudad de México.

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  • Acervo Etnográfico - Museo de las Culturas de Oaxaca

    Piezas etnográficas

    Los objetos de este acervo permiten un acercamiento a las costumbres y manifestaciones artísticas y populares de las poblaciones indígenas del estado de Oaxaca. Es importante destacar que estas actividades artísticas se siguen llevando a cabo en la actualidad, tal es el caso de la cerámica, orfebrería, tallas, herrería, talabartería, cuchillería y producción de bebidas.

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  • Colección Estado de Hidalgo - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Esta colección fue creada en la década de 1980 con la intención de facilitar a los usuarios la consulta de materiales relacionados con el Estado de Hidalgo, sede de la Fototeca Nacional. Para ello se reunieron 2,653 piezas (1,187 negativos y 1,446 positivos) provenientes de otras colecciones, principalmente Casasola y Culhuacán, a las que se sumaron negativos y positivos donados por particulares. Entre las temáticas podemos encontrar referencias al comercio, las vías de comunicación, la industria, la arquitectura y el paisaje, así como personajes, eventos, fiestas populares y escenas de la vida cotidiana tomadas entre fines del siglo XIX y mediados del XX.

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  • Colección Cruces y Campa - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Esta colección fue creada en 1993, a raíz de una investigación realizada por la historiadora Patricia Massé en torno a la obra de estos autores, ubicada en diversas colecciones de la Fototeca Nacional a modo de facilitar su acceso. Los 1,435 positivos que abarcan de 1862 a inicios del siglo xx, provenían originalmente de las colecciones del Museo Nacional (Culhuacán), Felipe Teixidor y Casasola.

    Cruces y Campa fue una de las firmas más famosas entre el gremio de profesionales establecido en la década de 1860, cuando surgió un novedoso formato para el retrato: la tarjeta de visita, que propició la reducción de costos y una amplia circulación. El estudio fue fundado en 1862 por Antíoco Cruces y el profesor de grabado Luis Campa en la Ciudad de México, primero en la calle de San Francisco y luego en la del Empedradillo, a un costado de la Catedral Metropolitana. La firma se mantuvo durante quince años y posteriormente Cruces se hizo cargo del negocio; sin embargo, todo indica que su ex socio fundó un nuevo estudio, Campa y compañía, que figura en 1903. Mientras laboraron juntos, por sus salones circularon los más destacados personajes de las sociedad y la política mexicana, especialmente los vinculados al partido liberal. Aunque también fotografiaron a la elite del Segundo Imperio.

    Ambos autores estudiaron en la Academia de San Carlos, donde Campa impartió la cátedra de grabado. Esta formación les permitió componer sus obras dentro de los cánones artísticos vigentes, lo que les valió el reconocimiento nacional e internacional, ejemplo de ello es el premio obtenido en la Exposición de Filadelfia de 1876. En sus retratos están presentes los signos de aceptación social de la época, enmarcados en un decorado sencillo que permití acentuar la personalidad de los sujetos con una impresión de naturalidad. Un año antes, anunciaban que a partir de octubre, iban a destruir los “clichets o retratos negativos” que habían conservado por catorce años para dar un nuevo uso a los cristales.

    Algunos de esos retratos les sirvieron para editar con gran éxito una Galería de personas que han ejercido el mando supremo de México, registrada en 1874. Con textos de Basilio Pérez Gallardo, fue un eficaz vehículo para la educación cívica a raíz de la derrota del Imperio y la restauración de la República. También acrecentó su fama la vasta colección de tipos mexicanos, que alcanzó una amplia difusión y que con el tiempo se ha incorporado al imaginario social del país. Ésta se caracteriza por la presencia en el estudio de indígenas y mestizos encuadrados en una cuidadosa escenografía, la cual conducía la representación a los modelos iconográficos de lo pintoresco.

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  • Colección Étnico - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Procedente de la Fototeca de la Dirección de Monumentos Coloniales del Instituto Nacional de Antropología e Historia con sede en el ex Convento de Culhuacán, se incorporó a la Fototeca Nacional, en 1978, un conjunto de 2,858 imágenes (932 negativos y 1,926 positivos) antropológicas y etnográficas que abarcan de mediados del siglo XIX a mediados del XX, al que se denominó Colección Étnico, y que tuvo su origen en el Museo Nacional y en las investigaciones realizadas por el Instituto desde su creación.

    La fotografía antropológica fue un importante género dentro de las colecciones del antiguo Museo Nacional, al proveer información visual fundamental para elaborar el catálogo de las etnias que desvelaba a los investigadores en su afán por obtener un panorama global que permitiera desarrollar teorías sobre su historia, así como generar estrategias para incorporar a los indígenas al proyecto nacional. La documentación fotográfica presentaba tanto a individuos como a grupos, y abarcaba desde el retrato de estudio hasta el registro antropométrico; paulatinamente se fueron incorporando imágenes de su hábitat, objetos y costumbres, acorde con el desarrollo de la antropología que abandonó el registro aislado de los “tipos físicos” para contextualizarlos en su entorno.

    En el siglo XIX en inicios del XX muchas de las impresiones provenían de fotógrafos establecidos a lo largo del país, lo cual implicó heterogeneidad en la manera de acercarse a los sujetos, en los formatos y en la calidad de las imágenes. Entre éstas hay algunas que podemos ubicar dentro de la tradición de los llamados “tipos populares” o “mexicanos”, evidentes representaciones de los oficios, realizadas generalmente en estudio, con actores o con personajes que realmente desempeñaban esas actividades, muchos de los cuales eran de origen indígena. Para la Exposición Histórico-Americana de Madrid, que en 1892 celebró su Cuarto Centenario del Descubrimiento de América, ingresaron innumerables fotografías enviadas por los diversos estados de la República, a veces realizadas ex profeso.

    En el inventario del Museo de 1919, por ejemplo, se documentaron 617 fotografías de grupos étnicos en diversos formatos, que abarcaban todos los estados y territorios del país; entre ellas se encontraban 22 de “Indígenas en posición antropométrica”. Otra vertiente fue el registro de material osteológico en el campo de la antropología física. Interesante es también la serie sobre la educación rural en la época posrevolucionaria.

    Por otra parte, existió en el pasado –como en nuestros días- un intercambio de imágenes entre investigadores extranjeros e instituciones mexicanas, que han enriquecido el acervo con autores muy diversos. La falta de documentación, el uso evidente de algunas fotografías o del mismo modelo para representar a diversas etnias o variantes regionales, así como la recurrencia constante a estereotipos, dificultan su identificación precisa. Como muchas de otras colecciones, las imágenes están a espera de investigaciones puntuales. No obstante, resultan de incuestionable atractivo visual y constituyen una rica fuente documental, no solo porque muchas de las tradiciones, indumentaria o actividades registradas han desaparecido, sino porque brindan información invaluable para acercarnos al contexto cultural bajo el cual se construyeron los catálogos etnográficos y las distintas maneras de percibir al indígena.

    La manera en que se utilizaron las imágenes, las formas en que fueron tomadas, (escenografías, poses, gestos, inclusión de objetos, etcétera) nos hablan de la particular visión del fotógrafo y de quienes le encargaron las tomas o las usaron después (el retoque, el montaje, los datos anotados, la circulación, etcétera); todos estos elementos constituyen valiosos recursos para comprender el complejo proceso en que se desenvolvieron los estudios etnográficos en nuestro país. Además, son una muestra clara del papel que la fotografía ha jugado a lo largo de nuestra historia como agente para la descripción, construcción, formulación y planteamiento de nuestra identidad multiétnica.

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