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  • Colección Semo - Fototeca Nacional

    Fotografías

    En 1973, Simón o Senya Flechine (escrito a veces como Fleshin), decidió donar su acervo fotográfico a la nación, a través de la Secretaría de Educación Pública, con la intención de “invitar a todos los fotógrafos a seguir el ejemplo y hacer posible la creación de una Fototeca Nacional”, según relata el editor Raymundo López Ortiz. Meticulosamente ordenada por el fotógrafo y su esposa, Mollie Steimer (seudónimo de Marthe Alperine), la donación consistía en una serie de álbumes con negativos y contactos, así como impresiones, documentos, recortes de periódicos, notas biográficas, testimonios, reconocimientos y algunas publicaciones. En 1976 este material pasó a formar parte de la Fototeca de Culhuacán, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Poco después al fundarse la Fototeca del Instituto en la ciudad de Pachuca, Hidalgo, gran parte de las colecciones –entre ellas el material de Senya– fueron trasladadas a las nuevas instalaciones. En 1981, el Fondo SEMO creció gracias a la generosa donación de José Carbó Garriga y Carmen D. De Carbó, amigos cercanos de la pareja. Hoy en día se compone de 50,468 piezas (25,678 negativos y 24,790 positivos) que abarcan de 1920 a 1963.

    Ucraniano de origen, Simón Flechine nació en 1894. Judío y anarquista, se vio obligado a cambiar de país en varias ocasiones, buscando refugio y un lugar donde pudiera hacer honor a sus ideas políticas en el campo del activismo. Se inició en la militancia anarquista en los Estados Unidos, país al que llegó en 1913, y trabajó para la revista Mother Earth, editada por Emma Goldman y Alexander Berkman. Volvió a su país natal en 1917 para sumarse al movimiento revolucionario. Una trayectoria similar siguió Mollie, también de origen ruso, quien vivió la represión de manera más directa. Ambos se encontraron en Rusia, y en plena etapa de consolidación de la revolución bolchevique, ayudaron a sus compañeros militantes que habían caído presos, hasta que fueron arrestados. Acusados de anarquistas, los expulsaron de la Unión Soviética en 1923, y a continuación se instalaron en Berlín. Fue allí donde Senya se inició en la fotografía, aprendiendo de la experimentación formal y la documentación social entre las que oscilaba la vanguardia alemana. Se dedicó al reportaje y trabajó en el estudio de Sasha Stone, conocido fotógrafo que participó en la famosa exposición Film und Foto. Expuso por primera vez en su casa, y en el registro que realizó de la muestra podemos ya observar temas sobre los que trabajó obsesivamente toda su vida, como los estudios de manos y rostros, y los personajes representativos de alguna actividad o estado de ánimo. En esos años retrató a sus compañeros de militancia y de destierro, creando una colección de imágenes de anarquistas rusos y europeos.

    Huyendo del nazismo, Senya y Mollie se dirigieron a París en 1933, donde él trabajó como director artístico y técnico en los estudios Harcourt. Ahí se especializó en fotografiar personalidades del ambiente cultural parisino, y halló una manera más dramática de concebir el retrato, valiéndose de claroscuros, sombras y rasgos perfectamente delineados que subrayan la personalidad del retratado. En México perfeccionaría este estilo, insistiendo en un laborioso retoque que concibió como imprescindible para la obra final. En 1939, luego de la derrota republicana en la Guerra Civil española, los Flechine se abocaron a ayudar a numerosos anarquistas, justo cuando iniciaba la Segunda Guerra Mundial. Mollie fue enviada a un campo de concentración en mayo de 1940, y después de múltiples peripecias pudo reunirse con Senya. Nuevamente juntos, en 1941-1942 se embarcaron rumbo al México cardenista. Poco después de llegar a nuestro país, Flechine expuso en el Palacio de Bellas Artes y, bajo el rótulo “FOTO SEMO” –acrónimo conformado por la contracción de las primeras letras de su nombre y el de Mollie–, la pareja abrió un estudio en la calle de Artes número 28, por el cual desfilaron ciudadanos de a pie, intelectuales y políticos, pero sobre todo un nutrido grupo de actores de cine y de teatro, músicos, bailarines y vedettes. Sus fotografías sirvieron para ilustrar artículos y portadas de múltiples revistas. A fines de 1963, cerraron el estudio en la Ciudad de México y se mudaron a Cuernavaca, Morelos. En 1975, el fotógrafo publicó Semo Ballet, un libro con tomas del Ballet Moderno del coreógrafo Hans Weidt, realizadas durante su estancia en París. Cinco años después murió Mollie; Senya le sobrevivió apenas once meses, falleciendo el 19 de junio de 1981..

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  • Colección Expedición Cempoala - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Conocida como Colección Teoberto Maler, sabemos hoy que este conjunto de imágenes procede de la expedición a Cempoala que, entre agosto de 1890 y abril de 1891, dirigió Francisco del Paso y Troncoso –entonces director del Museo Nacional-, para obtener materiales que serían enviados a Madrid por motivo de las celebraciones del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América. El autor, galardonado con medalla de plata en esa ocasión, fue Rafael García, posiblemente adscrito a la Secretaría de Guerra, aunque debió ser fundamental la visión de Del Paso y Troncoso, conocido aficionado a la fotografía.

    La incorrecta adjudicación a Maler se originó en la extraordinaria calidad del registro realizado por García, también característico del fotógrafo alemán, de quien, por otro lado, se conservan imágenes en otros fondos.

    Cempoala o Zempoala, en Veracruz, es considerada la segunda ciudad prehispánica más importante del estado después de El Tajín, sitio que también fue visitado por los expedicionarios, en 1519, cuando Hernán Cortés y sus tropas llegaron al reino de Cempoala quedaron deslumbrados por la magnificencia de sus edificios, cuyos estucos, decorados con pintura a base de conchas marinas, les hicieron pensar que las pirámides estaban hechas de plata y que se trataba de la mítica ciudad de El Dorado. Cempoala jugó un papel determinante para la caída del imperio mexica, ya que allí indígenas totonacos, que estaban sometidos al yugo de Tenochtitlán, se integraron al ejército de Cortés. Las consecuencias de la Conquista y la epidemia de viruela marcaron su decadencia, y la ciudad fue abandonada en el mismo siglo XVI. El valor del sitio encajaba perfectamente con las vertientes que se privilegiaron en la Exposición de 1892: la muestra de las antigüedades prehispánicas y de la Conquista, vista esta última como fundamento de la moderna nación mexicana.

    Sin duda, la colección proviene del Museo Nacional, y resguarda 807 piezas: 124 negativos originales y 683 positivos, algunos de los cuales son impresiones de época; se trata de un rico espectro de los usos potenciales de las imágenes científicas que abarca de 1890 a 1911. Algunas de las impresiones fueron presentadas en Madrid y otras exhibidas en el Museo, mientras que los negativos se emplearon para ilustrar el ensayo de Jesús Galindo y Villa, “Arqueología mexicana”. Las ruinas de Cempoala y del tempo del Tajín, exploradas por el director del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología, en misión en Europa. D. Francisco del Paso y Troncoso”, publicado en los Anales del Museo Nacional, en 1911.

    Es posible establecer una tipología del conjunto de tomas ejecutadas por Rafael García: panorámicas del paisaje, en las que destacan los ríos y poblaciones que visitó la expedición, tomadas con el fin de contextualizar el recorrido; retratos de grupo de los exploradores en las diferentes etapas del trayecto, en ocasiones con sus anfitriones o con autoridades locales; vistas de conjuntos arqueológicos, complementadas con algunos de sus rasgos constructivos u ornamentales; tomas de excavaciones en las que posan trabajadores, expedicionarios y, a veces, algún visitante; detalles de piezas arqueológicas en las ruinas o en las poblaciones a las que fueron trasladas; y, por último, retratos de la población totonaca.

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  • Colección Prehispánico - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Esta colección fue incorporada a la Fototeca Nacional en los primeros meses de 1978, procedente de la Fototeca de Culhuacán, primera con tal concepto en el país y en donde se había instituido un apartado Prehispánico que pretendía dar cuenta del trabajo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en torno al pasado precolombino. En él se encontraba una parte de los materiales históricos del Museo Nacional, otras permanecen en la Coordinación Nacional de Arqueología, la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia y el Archivo Histórico del Museo Nacional de Antropología. Lamentablemente, en el transporte y subsecuente clasificación en la Fototeca Nacional, estos materiales se mezclaron con los de la Colección Culhuacán.

     En la actualidad, la Colección está conformada por 73,552 piezas (28,530 negativos y 45,022 positivos) que van de la segunda mitad del siglo XIX a cerca de 1970. Originalmente, estuvo organizado en aproximadamente 250 álbumes que reunían impresiones antiguas y contemporáneas de diversos sitios arqueológicos, y contaban con una referencia a un negativo que podía ser original, o realizado a partir de un positivo antiguo. Entre las imágenes figuran las donadas por extranjeros que realizaban exploraciones, quienes debían obtener el permiso del antiguo Museo para llevar a cabo sus trabajos, y como parte de los acuerdos, enviaban informes acompañados con fotografías, práctica aún vigente en el INAH. Asimismo, en esta colección se hallan los registros de investigaciones desarrolladas a partir del Museo, como las de Leopoldo Batres, al igual que la documentación de piezas resultado de las excavaciones, donaciones o requisiciones, con frecuencia dispuestas en sugerentes composiciones. Por lo consiguiente, el cuantioso acervo resguarda vistas de sitios arqueológicos antes y después de los trabajos de desmonte, así como imágenes de los principales edificios y monumentos, los procesos de excavación y restauración –en los que a veces aparecen los arqueólogos y trabajadores de la zona–, y la vida en los campamentos.

     Con la creación del Instituto se formó la Dirección de Monumentos Prehispánicos, la cual se abocó a la custodia y conservación del patrimonio arqueológico, y a la exploración e investigación de las zonas. Ignacio Marquina asienta que Luis Limón, quien había colaborado con Alfonso Caso e Ignacio Bernal, organizó el archivo de materiales fotográficos sobre arqueología. Muy diferentes de las imágenes de ruinas antiguas hechas por viajeros como Désiré Charnay –que inauguraron un nuevo género de la fotografía mexicana, mezcla de romanticismo y asombro ante los vestigios arqueológicos, tan lejanas a la precisión científica como espectaculares– la mayoría de las fotografías del siglo XX, son testimonios puntuales del proceso de excavación arqueológica y sus hallazgos. Sin pretensiones estéticas, son el auxiliar perfecto para documentar lo que el arqueólogo ve: los hallazgos tal y como aparecieron in situ, las capas y los colores de la tierra, las fases constructivas, la colocación de unas piezas respecto de otras, las formas de los entierros, las dimensiones de los objetos y la orientación que tenían originalmente. Por ello es común que aparezcan con escala, orientadas al norte y con los números de referencia topográfica que identifican la cala. Desafortunadamente, parte de los registros fotográficos sin datos precisos en cuanto al sitio, fecha, arqueólogo encargado del proyecto y fotógrafo. No obstante, las imágenes constituyen una rica fuente para la investigación en este ámbito, ya que aportan información de primera mano sobre la historia de la arqueología en nuestro país, y dan fe de la inmensa labor de registro que se realizó y que sigue llevando a cabo en el INAH.

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  • Serie Diversidad - INAH TV

    Documentales

    Desde la producción artesanal del mezcal, hasta la realización de ritos chamánicos para curar enfermedades físicas y espirituales, así como la subsistencia de tradiciones en diversas comunidades indígenas, o la incursión de sus jóvenes en las llamadas redes sociales, son algunos de los temas que se abordan en los 13 programas que conforman la serie televisiva Diversidad, una coproducción del Instituto Nacional de Antropología e Historia y Canal 22. Bajo la asesoría de un equipo interdisciplinario de antropólogos, lingüistas e historiadores, la serie se adentra al seno de diversas comunidades para recoger los testimonios de sus habitantes y registrar el contexto cultural en el que se desenvuelven, con el fin de describir acontecimientos en voz de sus protagonistas. En cada programa conoceremos diferentes etnias, identidades y universos de pensamientos distantes que forman parte de nuestro México. 

    El episodio 1 “Rock Tsotsil”, exhibe a dos bandas representativas del rock indígena: Vayijel y Lumaltok, las cuales combinan leyendas y mitos ancestrales chiapanecos con música contemporánea. El episodio 2 “El Mezcal” da cuenta de la historia de esta bebida desde la época mesoamericana. El episodio 3 “Un curandero otomí” transmite rituales auténticos de dos curanderos de la región hidalguense, tradición que se encuentra en peligro de desaparecer por la migración de los jóvenes otomíes a la ciudad. El episodio 4 “La casa tomada” muestra la elaboración de murales y graffitis en una casa en ruinas. Se retrata el ambiente imperante de música, arte y libertad. El episodio 5 “El mundo en un huipil” inserta al espectador en la profundidad de metafórica de esta prenda como una representación del devenir cósmico y humano, lo cual resulta útil para aproximarse al pensamiento chinanteco. El episodio 6 “El día de Pedro, presenta los relatos acerca de las proezas del insurgente Pedro Ascencio Alquisras, así como la creencia de sus facultades sobrenaturales producto de un supuesto pacto con el Diablo. El episodio 7 “Lacandonia” habla sobre la vida de los indígenas en la selva chiapaneca, incluido, quienes se debaten entre la nación y la modernidad. 

    El episodio 8 “Caminos Arrieros” recorre las rutas comerciales datadas desde la época novohispana en el territorio de la Costa Chica de Guerrero, lo cual sirve para aproximarse a la vida de la gente que transita dicha región. El episodio 9 “Voladores” muestra la consistencia de esta ceremonia ritual y patrimonio de la humanidad, así como su condición actual y la de sus practicantes, incluido su proceso de aprendizaje e ideas en torno al vuelo) El episodio 10, “La Cruz Parlante” da cuenta de este objeto, símbolo supremo para los mayas cruzob en cuanto a su función como intermediaria entre dios y los hombres. Se informa sobre su culto así como las ideas asociadas a él. El episodio 11 “La fiesta del maíz” da cuenta de las características de esta práctica nahua veracruzana: ofrendas, bailes, sacrificios y consumo de alimentos. El episodio 12 “La abuela bruja. Pirekuas michoacanas” trata sobre la pirekua, un género musical propio de la cultura porépecha y un canto de amor. A través de ella se cuentan historias acompañadas y se mantiene una identidad cultural. El episodio 13 “Tzincapenses.www” evidencia el acercamiento de algunas comunidades indígenas con el ciberespacio, en particular un grupo de jóvenes nahuas de la sierra de Puebla, quienes comparten sus vidas por internet.

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  • Colección Aurelio Escobar - Fototeca Nacional

    Fotografías

    La colección Aurelio Escobar, la conforman un total de 739 positivos y 464 negativos de diversos formatos y técnicas, además de 9 cámaras fotográficas y 168 elementos de equipo fotográfico, al que se suman libros y revistas de fotografía además de postales, que fueron donados a la Fototeca Nacional del Instituto Nacional de Antropología e Historia en 2014, por María Josefina Escobar Vélez y Arturo Guevara Escobar, hija y nieto respectivamente, de uno de los autores que dieron nuevas luces para la investigación fotográfica del siglo XX en México. El material fotográfico cubre un arco temporal de 1906 a 1964, tanto de vida cotidiana, como retrato de estudio, Revolución Mexicana, fotografía panorámica de grupo, algunas muestras de fotografía publicitaria, entre otros temas retratados por el fotógrafo jalisciense Aurelio Escobar.

    El autor colaboró con H. J. Gutiérrez y Fotografía Marst a inicios del siglo XX. Hacia la década de los treinta fundó A. Escobar fotógrafo profesional y veinte años más tarde Foto panorámicas Escobar. Destacan algunas vistas sobre todo de Francisco I. Madero, durante la Revolución maderista y al término de ésta, en el momento de su campaña electoral, firmadas por el estudio de Heliodoro Juan Gutiérrez. Capta singulares imágenes de clubes y gremios en apoyo a la candidatura de Francisco I. Madero. Resulta interesante una imagen donde Madero, está reunido con su familia y algunos políticos afuera del cinematógrafo, sin protocolo alguno. De la fotografía de retrato, la colección contiene una serie sobre bodas y novias con tomas creativas.

    La fotografía panorámica es recurrente en esta colección, tanto de paisaje urbano como de retrato de grupo, de sectores laborales, empresariales y eclesiásticos. No deja de lado el autor situaciones cotidianas de la ciudad de México donde está presente la evolución urbana en cuanto a edificios y medios de transporte. De la misma manera, esta documentad la visita del presidente Harry S. Truman a México en 1947. La colección Aurelio Escobar guarda un contenido histórico, social y cultural multifacético con arco temporal amplio, donde el usuario podrá adquirir información gráfica del México de la primera mitad del siglo XX.

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  • Colección Felipe Teixidor - Fototeca Nacional

    Fotografías

    En enero de 1979 ingresó a la Fototeca Nacional el acervo de este destacado intelectual de origen español. Adquirido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (inah). Por desgracia, también en este caso operaron los criterios de accesibilidad a los materiales, por lo que se modificó sustancialmente el orden original, incorporándose imágenes de otros fondos, especialmente del llamado Culhuacán, a la vez que piezas de este acervo fueron trasladadas a otras colecciones. En los últimos tiempos se ha trabajado para recuperar su integridad y actualmente cuenta con 13,532 piezas (410 negativos y 13,122 positivos) que abarcan de mediados del siglo XIX a cerca de 1970. El extenso legado de Teixidor se complementa con los materiales comprados por el Archivo General de la Nación, y por su acervo bibliográfico, adquirido en 1987 por la Biblioteca de México.

    Felipe Teixidor (1895-1980) nació en Barcelona, y se naturalizó mexicano en 1928. Estudió en su ciudad natal y muy joven se fue a vivir a París, donde estuvo en contacto con el medio artístico. Llegó a Orizaba, Veracruz, en 1919, y en 1922 se estableció en la capital, donde rápidamente se incorporó al ambiente cultural de vanguardia de la época, sobresaliendo su amistad con Edward Weston y Tina Modotti, la cual marcaría su apreciación hacia la fotografía, misma que también practicó. Frecuentó a diego Rivera, Jena Charlot, al Dr. Atl, Nahui Olin, Enrique y Gabriel Fernández Ledesma, Monserrat Alfau –Monna, quien se convertiría en su esposa-, Rafael Sala, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, Genaro Estrada y muchos otros.

    En México desarrolló sus intereses bibliográficos y cultivó su afán coleccionista. Fue vendedor de libros viejos, lo que seguramente le puso en contacto con fotografías antiguas –apreciadas por algunos miembros de sus círculo, como Enrique Fernández Ledesma-, y que debió empezar a coleccionar desde época muy temprana. Desempeñó múltiples puestos en la administración pública y coordinó las cuatro primeras ediciones del Diccionario Porrúa de historia, geografía y biografía de México y la colección Sepan Cuántos… de la misma casa editorial. La labor de edición la compartió con Monna, también española e intelectual por derecho propio. En 1980 ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua.

    La colección de Felipe Teixidor destaca por su amplia variedad, que responde a su curiosidad en materia fotográfica y al uso que dio a las imágenes para documentar e ilustrar publicaciones. Con enorme sensibilidad plástica, Teixidor escogió obras de gran calidad, con técnicas y formatos tan diversos, que su legado resulta un valioso muestrario de los principales fotógrafos que trabajaron en México y de los distintos procesos fotográficos. Entre los autores extranjeros se encuentran Désiré Charnay, Julio Michaud, François Aubert, Alfred Briquet, William Henry Jackson, Gove and North y Hugo Brehme. En cuanto a los nacionales, cabe mencionar a Octaviano de la Mora, Lorenzo Becerril, Cruces y Campa, y los hermanos Valleto.

    Las imágenes con vistas de las principales ciudades mexicanas, así como sus paisajes y monumentos históricos y arqueológicos, han servido para el estudio del patrimonio mueble e inmueble. Su colección de retratos del siglo xx es una de las más ricas, tanto por la cantidad como por la amplia gama de personajes famosos y anónimos que aparecen, convirtiéndola en referencia básica para el estudio de las maneras de representación individual y colectiva de las clases media y alta del México decimonónico. Las series de tipos mexicanos y escenas costumbristas abren el espectro a una gama más amplia de nuestra sociedad. No faltan en su colección fotografías y postales de la Revolución, sobre todo de la Decena Trágica y la invasión norteamericana de 1914, además de vistas de ciudades y monumentos europeos y americanos. Finalmente, Teixidor también nos dejó un registro de sus viajes de trabajo, que le llevaron a recorrer gran parte del territorio nacional.

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  • Colección Peter Smithers - Fototeca Nacional

    Fotografías

    El 28 de enero de 1999, sir Peter Smithers (1913) donó al gobierno de México su colección de fotografías sobre nuestro país, tomadas en la década de 1940 durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se desempeñaba como agregado naval en México, Centroamérica y Panamá. En Cuernavaca, creó un pequeño jardín, una de sus pasiones, y coleccionó especimenes para el Herbario del Museo Británico. Durante su estancia en México, Smithers realizó un amplio registro fotográfico de sitios arqueológicos, edificaciones religiosas coloniales y paisajes locales que suman 3,334 transparencias. Para ello empleó dos cámaras Leica y película en color Ektachrome, que apenas comenzaba a utilizarse en ese entonces. La donación fue gestionada por la Embajada de México en el Reino Unido a través de su embajador, Santiago Oñate Laborde, y del agregado cultural Juan Manuel Santín.

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  • Colección Imágenes de Cámara - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Bajo este rubro se agrupan tres técnicas utilizadas en el siglo XIX para producir una imagen positiva directa y única: daguerrotipo, ambrotipo y ferrotipo, así como algunas variantes del proceso al colodión, como el melanotipo. Por motivos de conservación, y dado el especial cuidado que requieren estos materiales, la mayoría de las imágenes de cámara dispersas en otras colecciones, principalmente Chapultepec y Felipe Teixidor, fueron concentradas en esta colección hace ya un par de décadas. Así, está integrado por 95 piezas (27 daguerrotipos, 44 ambrotipos, 20 ferrotipos y cuatro variantes del proceso al colodión) que van de 1847 a fines del siglo XIX. 

    El daguerrotipo es la primera técnica que se considera fotográfica y se trata de un imagen positiva cuyo soporte es una placa de cobre, sensibilizada con yoduro de plata, que generalmente se colocaba en un marco o estuche protector. El ambrotipo, imagen positiva directa sobre una placa de vidrio a partir del proceso al colodión húmedo, se comenzó a usar en el decenio de 1850. El ferrotipo, derivado del ambrotipo, fue el medio más económico para conservar una imagen personal, y su práctica se extendió hasta las primeras décadas del siglo XX. Tal como sucedió en otros países, en México estas imágenes se utilizaron sobre todo para el retrato, y hoy constituye una muy particular galería de los personajes que poblaron los estudios fotográficos –establecidos o improvisados– en busca de una representación personal que trascendiera el umbral de la propia vida.

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  • Colección Jorge R. Acosta - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Jorge Ruffier Acosta, hijo de un diplomático mexicano, nació en Pekín, aparentemente en 1908, y estudio antropología en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, donde fue compañero de John Eric, el eminente mayista. Por encargo del gobierno mexicano y de instituciones estadounidenses, entre 1928 y 1931, realizó exploraciones arqueológicas en las zonas mayas de Guatemala y Belice, abocándose a investigar la influencia de la cultura incaica en Mesoamérica.

    Acosta participó durante dieciséis años en las exploraciones de Monte Albán, encabezadas por el doctor Alfonso Caso, dirigiéndolas de 1944 a 1949. También en calidad de director exploró tula (1940-1957), Chichén Itzá y Teotihuacán, donde estuvo a cargo de la reconstrucción del famoso Palacio de la Quetzalpapálotl. Murió en 1975, cuando era jefe de la Sección de Mantenimiento y Conservación del Departamento de Monumentos Prehispánicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

    Como resultado de sus investigaciones, Acosta formó un importante registro fotográfico que él mismo integró en álbumes de acuerdo con las temporadas de trabajo. No es posible determinar cuáles imágenes son obra suya, ni el nombre de los autores que realizaron tomas de su labor arqueológica. La colección, bajo resguardo de la Fototeca Nacional desde 1979, tiene diferentes procedencias y aunque no abarca todos sus trabajos, cubre las temporadas de campo realizadas por Acosta en Monte Albán, Monte Negro, la Mixteca, Tula, Chichén Itzá, Palenque, Teotihuacán, Zaachila y El Tajín. Contiene 5,849 piezas (2,708 negativos y 3,141 positivos) que van de 1930 a 1960, y también incluye algunas películas, así como manuscritos.

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