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  • Colección Étnico - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Procedente de la Fototeca de la Dirección de Monumentos Coloniales del Instituto Nacional de Antropología e Historia con sede en el ex Convento de Culhuacán, se incorporó a la Fototeca Nacional, en 1978, un conjunto de 2,858 imágenes (932 negativos y 1,926 positivos) antropológicas y etnográficas que abarcan de mediados del siglo XIX a mediados del XX, al que se denominó Colección Étnico, y que tuvo su origen en el Museo Nacional y en las investigaciones realizadas por el Instituto desde su creación.

    La fotografía antropológica fue un importante género dentro de las colecciones del antiguo Museo Nacional, al proveer información visual fundamental para elaborar el catálogo de las etnias que desvelaba a los investigadores en su afán por obtener un panorama global que permitiera desarrollar teorías sobre su historia, así como generar estrategias para incorporar a los indígenas al proyecto nacional. La documentación fotográfica presentaba tanto a individuos como a grupos, y abarcaba desde el retrato de estudio hasta el registro antropométrico; paulatinamente se fueron incorporando imágenes de su hábitat, objetos y costumbres, acorde con el desarrollo de la antropología que abandonó el registro aislado de los “tipos físicos” para contextualizarlos en su entorno.

    En el siglo XIX en inicios del XX muchas de las impresiones provenían de fotógrafos establecidos a lo largo del país, lo cual implicó heterogeneidad en la manera de acercarse a los sujetos, en los formatos y en la calidad de las imágenes. Entre éstas hay algunas que podemos ubicar dentro de la tradición de los llamados “tipos populares” o “mexicanos”, evidentes representaciones de los oficios, realizadas generalmente en estudio, con actores o con personajes que realmente desempeñaban esas actividades, muchos de los cuales eran de origen indígena. Para la Exposición Histórico-Americana de Madrid, que en 1892 celebró su Cuarto Centenario del Descubrimiento de América, ingresaron innumerables fotografías enviadas por los diversos estados de la República, a veces realizadas ex profeso.

    En el inventario del Museo de 1919, por ejemplo, se documentaron 617 fotografías de grupos étnicos en diversos formatos, que abarcaban todos los estados y territorios del país; entre ellas se encontraban 22 de “Indígenas en posición antropométrica”. Otra vertiente fue el registro de material osteológico en el campo de la antropología física. Interesante es también la serie sobre la educación rural en la época posrevolucionaria.

    Por otra parte, existió en el pasado –como en nuestros días- un intercambio de imágenes entre investigadores extranjeros e instituciones mexicanas, que han enriquecido el acervo con autores muy diversos. La falta de documentación, el uso evidente de algunas fotografías o del mismo modelo para representar a diversas etnias o variantes regionales, así como la recurrencia constante a estereotipos, dificultan su identificación precisa. Como muchas de otras colecciones, las imágenes están a espera de investigaciones puntuales. No obstante, resultan de incuestionable atractivo visual y constituyen una rica fuente documental, no solo porque muchas de las tradiciones, indumentaria o actividades registradas han desaparecido, sino porque brindan información invaluable para acercarnos al contexto cultural bajo el cual se construyeron los catálogos etnográficos y las distintas maneras de percibir al indígena.

    La manera en que se utilizaron las imágenes, las formas en que fueron tomadas, (escenografías, poses, gestos, inclusión de objetos, etcétera) nos hablan de la particular visión del fotógrafo y de quienes le encargaron las tomas o las usaron después (el retoque, el montaje, los datos anotados, la circulación, etcétera); todos estos elementos constituyen valiosos recursos para comprender el complejo proceso en que se desenvolvieron los estudios etnográficos en nuestro país. Además, son una muestra clara del papel que la fotografía ha jugado a lo largo de nuestra historia como agente para la descripción, construcción, formulación y planteamiento de nuestra identidad multiétnica.

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  • Colección Carlos Jurado - Fototeca Nacional

    Fotografías

    En 1984, el pintor y fotógrafo chiapaneco Carlos Jurado (1927) participó en la creación del Museo de la Fotografía en Pachuca, Hidalgo. Con este motivo impartió un taller y realizó tomas que pasaron a formar parte del acervo, junto con otros materiales que generosamente donó. Se trata de 191 piezas (184 negativos y 7 positivos) realizadas entre 1974 y 1984. La colección se incrementó posteriormente en los años 2006 y 2012 con la entrega de 290 negativos del autor tomados con sus múltiples cámaras estenopéicas. Se trata de tomas efectuadas en el interior de su casa en Ciudad de México, de viajes por Francia, Islandia y Nueva  Zelanda. Con formación en artes plásticas, Jurado fue miembro del Taller de Gráfica Popular (TGP), y ha desarrollado una importancia labor pictórica. También ha promovido la utilización de la fotografía estenopeica y los procesos antiguos, aunado al uso de materiales modernos, donde combina su formación pictórica y su interés por la investigación técnica.

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  • Colección Nacho López - Fototeca Nacional

    Fotografías

    En 1986 el Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE) compró el acervo de Nacho López, compuesto por 35,654 piezas (32,239 negativos y 3,415 impresiones) que van de 1940 a 1980 y, a petición expresa del autor, inmediatamente lo entregó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para su resguardo, investigación y difusión. Originario de Tampico, Ignacio López Bocanegra (1923-1986) desde muy joven mostró interés por la fotografía, que comenzó a practicar en Mérida. En 1944 se trasladó a la capital del país y fue ayudante de camarógrafo en la Unión de trabajadores de estudios Cinematográficos, iniciando en 1945 sus estudios en el Instituto de Artes y Ciencias Cinematográficas de México donde, entre otras figuras señeras, impartían clases el fotógrafo Manuel Álvarez Bravo y el director de cine alejandro Galindo. En 1948 residió por un breve periodo en Venezuela, sede de su primera muestra, donde fue maestro de técnica fotográfica en la Escuela de Periodismo de la Universidad Central de Caracas.

    A partir de los años cincuenta inició su conocida etapa como fotorreportero y desde entonces destacó por su cobertura de la vida popular de la Ciudad de México. Llevó a cabo un importante registro de danza contemporánea, actividad para la que siempre guardó especial atención debido al vínculo con su hermana, la bailarina Rocío Sagaón. Por esos años comenzó su colaboración con diversas revistas y periódicos como Mañana, Así, Hoy, Siempre!, Life y Artes de México. Desde 1956 incursionó en el cine –que fue una de sus pasiones– y filmó a lo largo de su vida varios documentales, noticieros y cortometrajes, obteniendo un premio por Los hombre cultos (1972). Fue asistente y laboratorista de Víctor De Palma, fotógrafo de Life, a quien consideró su primer maestro. Entre sus publicaciones figuran Viaje a la tarahumara (1960); un número doble de Artes de México, “La Ciudad de México III” (1964); Los pueblos de la bruma y el sol (1981); Los trabajadores del campo y la ciudad (1982); Los chontales de Tabasco (1982) y Yo, el ciudadano (1984). Realizó numerosas exposiciones, entre las que figuran Cincuenta imágenes de jazz (1962, con Pedro Cervantes), Caleidoscopio fotográfico (1965) y Espacios constantes (1984).

    Importante para su madurez plástica fue su participación en el grupo de Los Interioristas, que promovían un arte ligado al hombre en respuesta al abstraccionismo imperante entonces, y con el cual expuso en 1961. En los años setenta fue catedrático en la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana y en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la Universidad Nacional Autónoma de México, al mismo tiempo dictó numerosas conferencias sobre cine y fotografía. Fundador del Consejo Mexicano de Fotografía, escribió una serie de artículos en torno al Primer Coloquio Latinoamericano de fotografía, convocado en 1978. Trabajó para varias instituciones gubernamentales, como el Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas, en 1963; el Instituto Nacional de Capacitación Agraria, en 1974; la Dirección de Educación Indígena, en 1980, y el instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales, en 1982. Destaca su labor en el Instituto Nacional Indigenista (hoy Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas), para el cual realizó extensos registros fotográficos en diferentes zonas indígenas y varios cortometrajes. Allí colaboró en la formación del archivo audiovisual, junto con sus amigos Alfonso Muñoz y Óscar Menéndez.

    Nacho López hizo del fotoensayo una forma muy personal de expresión. Muchas de sus mejores series fueron “dirigidas”, mediante situaciones que él mismo provocaba en el ambiente popular de la capital: es el caso de los ensayos, Cuando una mujer guapa parte plaza por Madero y La Venus se va de juerga. De este modo, como ha señalado John Mraz, detrás de sus secuencias fotográficas hay todo un trabajo de concepción, planeación, dirección y ejecución, que da una nueva dimensión a la toma instantánea y al trabajo documental. También supo desplegar en los registros más ortodoxos de documentación y en el tratamiento de temas étnicos, arquitectónicos y sociales, un encuadre novedoso y perspicaz, que se sumaba a una sorprendente actitud lúdica. Una vez realizada la serie, López trabajaba en la selección, montaje, pies de foto y edición, así como en la formación misma de la página, ensamblando imágenes con textos propios o ajenos. Por la calidad plástica y técnica de sus imágenes y su compromiso social, por las reflexiones en torno a su propio quehacer, y por la lucidez con que abordó algunos de los temas medulares de la compleja sociedad mexicana de la segunda mitad el siglo XX, Nacho López es considerado uno de los principales teóricos del fotoperiodismo mexicano, y uno delos fotógrafos documentales más importantes.

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  • Colección Observatorio Tacubaya - Fototeca Nacional

    Fotografías

    El 9 de diciembre de 1980 se incorporó a la Fototeca Nacional una colección de 2,143 negativos de la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), conformada con materiales que habían pertenecido a este Observatorio producidos entre 1897 y 1947. Los primeros intentos por crear un observatorio datan de 1862 en el Castillo de Chapultepec, sin embargo las vicisitudes de la intervención francesa obligaron a posponer el proyecto. En 1867 la azotea del Palacio Nacional sirvió para ese fin, y en 1877 por decreto presidencial se fundó el Observatorio Astronómico Nacional, que en un año después se instaló formalmente en el Castillo. En 1833 se trasladó al edificio del ex Arzobispado, en Tacubaya, donde se dispusieron instalaciones especiales para su funcionamiento, y en 1929 pasó a depender formalmente de la UNAM.

     Entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX, los astrónomos de Tacubaya trabajaron intensamente en la obtención de las placas fotográficas indispensables para la elaboración del Catálogo fotográfico y carta del cielo, iniciativa promovida por el Observatorio de París. Un gran número de fotografías de este fondo están dedicadas al estudio del Sol, los eclipses solares y lunares, la caída del cometa Halley en su aparición de 1910 y el tránsito de Mercurio el 14 de noviembre de 1907; también se encontraron fotografías espectroscópicas de las estrellas más importantes de algunas constelaciones, realizadas entre 1912 y 1947, y tomas de instrumentos como espectrómetros, magnetómetros, teodolitos, telescopios altacimutales y cenitales.

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  • Colección Margarita Scott - Fototeca Nacional

    Fotografías

    En agosto de 2005, Irene Margaret Castro, nieta del fotógrafo estadounidense Winfield Scott, donó al Instituto Nacionald e Antropología e Historia, 518 piezas de este autor a nombre de su madre, Margarita Scott. Esta colección completa la labor desarrollada en México por el fotógrafo, sobre todo en Chapala, donde se asentó durante algunos años de la primera década del siglo XX, efectuando vistas del México rural y documentando escenas cotidianas. Así también se incluyen algunas imágenes de California en la década siguiente.

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  • Colección Felipe Teixidor - Fototeca Nacional

    Fotografías

    En enero de 1979 ingresó a la Fototeca Nacional el acervo de este destacado intelectual de origen español. Adquirido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (inah). Por desgracia, también en este caso operaron los criterios de accesibilidad a los materiales, por lo que se modificó sustancialmente el orden original, incorporándose imágenes de otros fondos, especialmente del llamado Culhuacán, a la vez que piezas de este acervo fueron trasladadas a otras colecciones. En los últimos tiempos se ha trabajado para recuperar su integridad y actualmente cuenta con 13,532 piezas (410 negativos y 13,122 positivos) que abarcan de mediados del siglo XIX a cerca de 1970. El extenso legado de Teixidor se complementa con los materiales comprados por el Archivo General de la Nación, y por su acervo bibliográfico, adquirido en 1987 por la Biblioteca de México.

    Felipe Teixidor (1895-1980) nació en Barcelona, y se naturalizó mexicano en 1928. Estudió en su ciudad natal y muy joven se fue a vivir a París, donde estuvo en contacto con el medio artístico. Llegó a Orizaba, Veracruz, en 1919, y en 1922 se estableció en la capital, donde rápidamente se incorporó al ambiente cultural de vanguardia de la época, sobresaliendo su amistad con Edward Weston y Tina Modotti, la cual marcaría su apreciación hacia la fotografía, misma que también practicó. Frecuentó a diego Rivera, Jena Charlot, al Dr. Atl, Nahui Olin, Enrique y Gabriel Fernández Ledesma, Monserrat Alfau –Monna, quien se convertiría en su esposa-, Rafael Sala, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, Genaro Estrada y muchos otros.

    En México desarrolló sus intereses bibliográficos y cultivó su afán coleccionista. Fue vendedor de libros viejos, lo que seguramente le puso en contacto con fotografías antiguas –apreciadas por algunos miembros de sus círculo, como Enrique Fernández Ledesma-, y que debió empezar a coleccionar desde época muy temprana. Desempeñó múltiples puestos en la administración pública y coordinó las cuatro primeras ediciones del Diccionario Porrúa de historia, geografía y biografía de México y la colección Sepan Cuántos… de la misma casa editorial. La labor de edición la compartió con Monna, también española e intelectual por derecho propio. En 1980 ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua.

    La colección de Felipe Teixidor destaca por su amplia variedad, que responde a su curiosidad en materia fotográfica y al uso que dio a las imágenes para documentar e ilustrar publicaciones. Con enorme sensibilidad plástica, Teixidor escogió obras de gran calidad, con técnicas y formatos tan diversos, que su legado resulta un valioso muestrario de los principales fotógrafos que trabajaron en México y de los distintos procesos fotográficos. Entre los autores extranjeros se encuentran Désiré Charnay, Julio Michaud, François Aubert, Alfred Briquet, William Henry Jackson, Gove and North y Hugo Brehme. En cuanto a los nacionales, cabe mencionar a Octaviano de la Mora, Lorenzo Becerril, Cruces y Campa, y los hermanos Valleto.

    Las imágenes con vistas de las principales ciudades mexicanas, así como sus paisajes y monumentos históricos y arqueológicos, han servido para el estudio del patrimonio mueble e inmueble. Su colección de retratos del siglo xx es una de las más ricas, tanto por la cantidad como por la amplia gama de personajes famosos y anónimos que aparecen, convirtiéndola en referencia básica para el estudio de las maneras de representación individual y colectiva de las clases media y alta del México decimonónico. Las series de tipos mexicanos y escenas costumbristas abren el espectro a una gama más amplia de nuestra sociedad. No faltan en su colección fotografías y postales de la Revolución, sobre todo de la Decena Trágica y la invasión norteamericana de 1914, además de vistas de ciudades y monumentos europeos y americanos. Finalmente, Teixidor también nos dejó un registro de sus viajes de trabajo, que le llevaron a recorrer gran parte del territorio nacional.

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  • Serie Testimonio Musical de México - Fonoteca del INAH

    Discos

    La serie más importante de música tradicional y popular de nuestro país se inició en 1964, cubre diferentes regiones culturales, poblaciones y etnias, así como géneros, estilos y agrupaciones musicales. Sus distintos títulos y repertorios son resultado de investigaciones antropológicas, históricas y las relacionadas con la etnomusicología en las que han participado reconocidos especialistas de México y algunos extranjeros. Cada título incluye un librillo donde se describe el contexto al que pertenece la música expuesta, en ocasiones, con los respectivos análisis de los especialistas, así como testimonios y fotografías de los propios músicos. 

    Esta serie se incrementa año tras año con nuevas temáticas, en un intento por abarcar cada vez más el vasto universo musical que caracteriza nuestra pluralidad cultural. Algunos datos relevantes sobre ella son: *Es un trabajo realizado por Irene Vázquez Valle y Arturo Warman, la cual sentó las bases para lo que hoy en día constituye una de las fonotecas más importantes del país. *Alcanzó 57 títulos hasta 2012. *Entre los años 2013 y 2014 se editaron los números 58 a 62. *Contiene más de 1141 piezas musicales interpretadas por 79 diferentes instrumentos. *Hace referencia a 40 lenguas indígenas aparte del español. *Suma 225 géneros o estilos musicales. *78 personas (entre ellos antropólogos, historiadores, etnólogos, musicólogos, etnomusicólogos, etnohistoriadores, lingüistas, arqueólogos, periodistas y músicos) contribuyeron con textos. *Se estima que el número de creadores e intérpretes que participaron rebasa el millar.

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  • Colección Revista Hoy - Fototeca Nacional

    Fotografías

    En diciembre de 1983 el arquitecto Guillermo Rossell de la Lama, gobernador del Estado de Hidalgo (1987-1993), donó a la Fototeca Nacional 26 cajas con material fotográfico de la revista Hoy, provenientes de la Dirección General de Intercambio Cultural y Educativo Internacional. El material consta de 74,754 positivos realizados entre 1938 y 1977 aproximadamente. El semanario apareció el 27 de febrero de 1937, fundado por los periodistas Regino Hernández Llergo (1894-1976) y José Pagés Llergo (1910-1989), dos de las figuras más importantes del medio en el siglo XX. La publicación, con formato tabloide, dio lugar prioritario a la imagen y abordaba temas de política nacional e internacional; contaba con secciones de ciencia, entrevistas, modas, cartelera, teatro, deportes y pasatiempos.

     Desde una posición que proclamaba su “renuncia a todas las doctrinas” –aun cuando generalmente predominó una visión oficial-, se dio espacio a destacados políticos e intelectuales, como Salvador Novo, Mariano Alcocer, José Moreno Villa, Carlos Deambrosis Martins, Nemesio García Naranjo, Carmen Madrigal, Xavier Villaurrutia, Sansón Carrasco, Narciso Bassols, Eduardo Pallares, Rosario Sansores y el caricaturista Antonio Arias Bernal. Gran cuidado se le dio también a la puesta de página y a la impresión que se realizaba en los talleres de Rotograbadotes y Fotograbadores unidos, S.C.L., que destacaron por su calidad. Enrique Díaz, Enrique Delgado y Gustavo Casasola fueron los fotógrafos destacados de la revista en su primera época; de hecho, Díaz fue el encargado de fotografía. En sus páginas se experimentó un lenguaje gráfico que fue estableciendo nuevos códigos de representación de las noticias y la crónica. A través de los años, y en sus diversas etapas, colaboraron Manuel Álvarez Bravo, Raúl Anaya Soto, foto Brehme, Miguel e Ismael Casasola López, Rogelio Cuellar, Raúl Estrada Discua, Hector García, Enrique Gutmann, Nacho López, M. Madrigal, Alfonso Manrique, Luis Márquez Romay, los Hermanos Mayo, Rodrigo Moya, Walter Reuter, Armando Salas Portugal, A. Salmerón, Kurt Severín, Tufic Yazbek. También se utilizaron imágenes provenientes de agencias fotográficas nacionales y extranjeras.

     En 1937, paralelamente a la fundación de Hoy, Pagés Llergo se encargó de la dirección de la revista Todo y fundó Cine y Rotofoto, de la que solo aparecieron unos cuantos números. Durante los años de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) el periodista viajó a Europa y Japón como corresponsal de guerra para Hoy, aunque su admiración por las naciones fascistas lo alejaron de la publicación. A su regreso a México fue jefe de redacción de la revista Mañana, que también fundó con Hernandez Llergo. En 1948, Pagés Llergo asumió la dirección de hoy, donde se mantuvo hasta 1953, año en que debido a la publicación de una fotografía de la familia Alemán, se suscitó una discusión con el presidente y director general, Rafael Lebrija, y con el gerente Alfonso Arrache, que terminó con su renuncia. Con él se fueron varios miembros del equipo, con quienes de inmediato fundó Siempre!. Provisionalmente, Rafael Lebrija se hizo cargo de la dirección de Hoy, después Licio Lagos, y posteriormente Hector del cueto. En 1965, siendo su director general Raymundo Ampudia, Hoy regresó al formato tabloide que había abandonado; la portada, que se fue transformando con los años, dejó espacio a una ilustración y los fotógrafos ya no figuraban en el directorio. Tres años después la portada volvió a ser fotográfica, a color, y Hoy retomó la periodicidad semanal, luego de un tiempo de aparecer quincenalmente. Esta colección resulta particularmente interesante para la Fototeca Nacional por el énfasis que la revista concedió a la imagen, no solo como ilustración sino como información misma. Seguramente –una vez que se concluya su sistematización- aportará nuevos datos para entender cómo se fue definiendo la cultura visual del sigo XX en nuestro país, al descubrir la manera en que se editaron algunas fotografías, los temas que predominaron, así como la vinculación de algunos fotógrafos con el ámbito editorial.

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  • Colección Eduardo Oropeza - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Esta colección fue constituida con 155 piezas (5 negativos y 150 positivos) que se encontraban en poder del antropólogo Eduardo Oropeza, e ingresaron a la Fototeca Nacional en 1997. Aparentemente, las imágenes –tomadas durante el primer decenio del siglo XX- son obra de un fotógrafo aficionado que captó con cámara estereoscópica escenas de días de campo, jaripeos y vistas de una casa campirana con sus jardines, así como retratos de familias campesinas. También contiene series rotuladas –quizá obra comercial- sobre Chapultepec e Iglesias de la Ciudad de México, además de vistas, puentes y estaciones de ferrocarril, especialmente de la zona aledaña a Xalapa, Veracruz.

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