Esta advocación surgió en el siglo XVIII en Italia, atribuyéndosele el título de “la Divina Providencia” a Felipe Benicio, quinto superior de la orden Siervos de María, quien relató que un día sus frailes no tenían nada que comer, y que después de invocar la ayuda de la Virgen encontró en la puerta del convento dos cestos llenos de comida.

De Italia, la devoción por la Virgen de la Providencia se extendió hasta España, en donde se construyó un santuario en Tarragona, Cataluña, de donde era originario Gil Esteve Tomás, quien al ser nombrado obispo de Puerto Rico consiguió recursos para reconstruir la Catedral, adquirir una imagen de la Virgen, la cual fue elaborada en Barcelona, levantó un altar y estableció su culto el día 2 de enero, fecha que quedó designada como su fiesta anual.

La imagen original venerada en Italia era un óleo que muestra al Niño Jesús dormido apaciblemente en los brazos de la Virgen. La de Puerto Rico es una hermosa figura tallada en la que el Niño duerme sobre la falda de su madre. El 19 de noviembre de 1969 el Papa Pablo VI declaró a Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia patrona principal de la isla de Puerto Rico y cambió el día de su fiesta del 2 de enero al 19 de noviembre, fecha en el que la isla fue descubierta.

Este óleo sobre tela data de 1772 y, a diferencia de otras imágenes, muestra al Niño Jesús despierto tocando amorosamente a su madre. La Virgen aparece sentada entre nubes, vestida con túnica encarnada y manto azul. Madre e Hijo portan corona. A los lados de María, hincados, aparecen dos caciques indígenas bien vestidos y con las manos juntas en actitud de oración.

Esta pintura forma parte de la colección del Museo Nacional del Virreinato, conócela en la Mediateca INAH.

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